RAQUEL RIERA

En los últimos años ha habido una proliferación importante de programas de aceleración en todos los sectores, especialmente en el de las ciencias de la vida y la salud. Solo en la Bioregión, actualmente existen más de 30 programas de aceleración por los que en algún momento ha pasado algún proyecto relacionado con este ámbito. En 2010 no existía ninguna de estas aceleradoras, lo que demuestra la relevancia que ha adquirido el sector durante la última década.

Algunos de los programas creados en los últimos años están exclusivamente dedicados al sector life sciences, como por ejemplo CRAASH Barcelona, d·HEALTH o CaixaImpulse; otros se centran en las tecnologías (The Collider o IQS Next Tech) y otros son multisectoriales, como Barcelona Activa. Esta eclosión es signo de las ventajas que aportan estos programas para los participantes, siempre que se escoja el más adecuado para las necesidades de cada uno. Repasamos aquí lo que debemos tener en cuenta a la hora de elegir uno, tanto en el caso de las startups como de los proyectos aún no constituidos como empresa.

¿Qué ofrecen los programas de aceleración?

1 – Financiación. Una de las principales razones por las que los emprendedores eligen participar en una aceleradora. La opción preferida es recibir seed money ligado a la participación en el programa, como es el caso de CaixaImpulse, en que los proyectos reciben hasta 100.000 € para desarrollar su plan de comercialización. En la mayor parte de los casos, esta financiación va ligada a un porcentaje.

Otros programas, aunque no ofrezcan cash directamente, cubren una parte del coste de la participación en el programa. En el caso de CRAASH Barcelona, por ejemplo, los equipos viajan a diferentes países de Europa para validar el modelo de negocio, y parte de los gastos de viaje están cubiertos por el propio programa. Otros aceleradoras no ofrecen dinero directamente, pero tienen fondos de inversión que invierten en las empresas más potentes. Finalmente, otro tipo de financiación consiste en entregar un premio al finalizar, como hace el programa Preaccelera de Barcelona Activa.

2 – Mentoring. Es una las aportaciones por excelencia de los programas de aceleración. Los participantes reciben feedback de expertos en diferentes materias, con metodologías y formas variables: desde una estructura pautada en sesiones comunes entre equipos, hasta una organización totalmente ad hoc donde los grupos reciben feedback. Sin embargo, el punto diferencial entre los diferentes programas acaba siendo la calidad de los mentores, y eso no siempre es fácil de conocer a priori. Son factores relevantes el nivel de conocimiento del mentor sobre el modelo de negocio, la tecnología, la enfermedad, el mercado y la regulatoria. También factores diversos, como el hecho de que él mismo haya sido emprendedor o mentor en el pasado. Y especialmente relevante será su network: un mentor con las conexiones y contactos apropiados puede ser muy valioso para una startup o proyecto. Si quieres comprobarlo, ¡sigue leyendo!

3 – Network. Aunque no es evidente cuando se comienza un programa, para la mayor parte de participantes el hecho de construir una red de contactos relevante tiene un valor incalculable. Esta red, constituida con la ayuda del faculty, los promotores del programa, los mentores e incluso los otros participantes, puede convertirse en muy significativa en fases posteriores de la startup: fundraising, colaboraciones para hacer tests o clinical trials, desarrollo de tecnología… En función del tipo de programa, esta red de contactos será más o menos internacional. CRAASH Barcelona, por ejemplo, es un programa internacional en todos sus ámbitos, donde tanto los mentores como los participantes son internacionales, y Almirall Digital Garden busca empresas que tengan interés en establecerse en España.

4 – Training. Todas las aceleradoras tienen definido un programa de formación donde los emprendedores adquieren conocimientos sobre diferentes aspectos, principalmente relacionados con el modelo de negocio pero también con skills de emprendimiento, como por ejemplo la capacidad para realizar un pitch. El tipo de training y el nivel de intensidad varía según el programa, y ​​puede ir desde master sessions hasta workshops sobre temas relevantes. Un ejemplo de programa muy intensivo en formación es d·HEALTH, un posgrado full-time de 6 meses donde los participantes adquieren todos los conocimientos y habilidades necesarias para innovar y emprender en el sector salud.

5 – Espacios. Históricamente, las aceleradoras iban ligadas a la posibilidad de tener un espacio. Actualmente este aspecto varía mucho en función de los programas. En el sector life sciences es importante diferenciar si hablamos de espacios especializados para desarrollar y testear la tecnología, como laboratorios, o de espacios de coworking, mucho más accesibles en la ciudad. En programas enfocados a biotec o drug development puede tener más sentido disponer de espacios que en proyectos digitales, donde generalmente los emprendedores pueden disponer de oficinas más estándar.

Y en la práctica, ¿cuál es el mejor programa para mí?

Por muy atractivo que nos resulte un programa, no todos están hechos para nosotros. Como en casi todas las situaciones en la vida, es importante mirar los detalles para conseguir el match.

1 – Startup o proyecto. El hecho de estar constituido como empresa puede convertirse en un criterio de elegibilidad en algunos programas. Los hay que sólo aceptan proyectos, como por ejemplo The Collider, y otros destinados a empresas, como Conector y Ferrer4Future. El nivel de desarrollo de la tecnología o la proximidad al mercado pueden convertirse también en un criterio de acceso.

2 – Equity. El hecho de que una aceleradora capte equity puede ser incompatible con la estructura de capital de la startup o tener implicaciones a la hora de captar rondas de financiación posteriores, así que es un factor a tener en cuenta.

3 – Duración y prioridades. Los programas de aceleración suelen durar entre 3 y 6 meses. El nivel de intensidad y dedicación que exigen es variable, pero es común que el emprendedor tenga que dedicar todo o gran parte de su tiempo al programa. Por eso es importante concretar las horas que se requieren para seguirlo. Sin embargo, es importante aceptar que este seguimiento debe ser una prioridad para el equipo: las tareas que se desarrollan durante un buen programa de aceleración son para el propio proyecto y, por tanto, serán beneficiosas.

4 – Presencial o virtual. Un programa de aceleración puede ser totalmente presencial o requerir la presencia de los emprendedores sólo para sesiones concretas y realizar el resto de actividades de forma virtual. En el contexto actual, muchos programas presenciales han tenido que adaptar tus actividades a un formato virtual o híbrido, lo que facilita la participación de equipos repartidos en diferentes países.

5 – Equipo. En algunos casos las aceleradoras piden la participación de más de un miembro de la startup o proyecto. Por ejemplo, en CRAASH Barcelona requerimos la implicación del emprendedor full-time y de los líderes clínicos y técnicos de forma parcial.

6 – Internacionalización. El nivel de internacionalización puede convertirse en un elemento de elección. Algunos programas ofrecen acceso a otros mercados para validar el modelo de negocio y colaboraciones, lo que puede ser de interés para empresas en estadios de desarrollo avanzados o con intención de abrirse a mercados extranjeros.

¿Vale la pena?

Participar en un programa de aceleración es un gran aprendizaje para cualquier emprendedor. A nivel de proyecto, en un período corto de tiempo tienen la oportunidad de validar si su solución tiene sentido y valor de mercado, aprender a hacer un buen pitch, hacer contactos y, en algunos casos, recibir financiación. También ayuda a trazar el rumbo a seguir, ya que un programa de aceleración debe asegurar que los equipos hacen lo que toca hacer en cada momento. Ya lo decía Peter Drucker, gurú en la gestión organizativa: “There is nothing so useless as doing efficiently which should not be done at all”.

A nivel individual, las aceleradoras proporcionan un aprendizaje muy valioso en habilidades que no servirán sólo para el proyecto actual, sino también para cualquier otro que se desarrolle en el futuro. Y en el caso de los emprendedores noveles, participar en un programa de aceleración les hará experimentar la presión a la que se enfrentan las startups en el mundo real, así como lo que supone trabajar con deadlines exigentes.

En definitiva: sí, vale la pena, y mucho. Ahora habrá que elegir cuál es la mejor, y esperar a ser seleccionados.

¿Quieres conocer algunos casos de éxito?

Te presentamos la historia de ABLE Human Motion, una spinoff de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) que diseña, desarrolla y trabaja para comercializar exoesqueletos robóticos para aumentar y mejorar la movilidad humana. Su CEO, Alfons Carnicero, participó en la primera edición de CRAASH Barcelona y después de finalizarla cerró una ronda de financiación que les permitió ampliar la plantilla de 3 a 11 personas.

También te interesará la experiencia del equipo de Mowoot, una startup surgida del programa de posgrado d·HEALTH. Su equipo fundador –dos biólogos, un diseñador de producto y un ingeniero– se conocieron durante el programa e idearon un dispositivo no invasivo para tratar el estreñimiento crónico, que afecta a hasta un 24% de la población general. Están en el mercado desde 2017.

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